Proponen que una calle pública lleve el nombre "María Angélica Barreda"

El proyecto, girado a Comisión para su análisis,  fue presentado por el concejal Leandro Lamberti. Además, el Centro de Maestros Jubilados y el Centro de Estudios de la Lengua elevaron una nota, por medio de la cual proponen que se considere el nombre de María Cristina Catalá de Perín, docente recientemente fallecida,  para el nombramiento de espacios públicos.

 El concejal Leandro Lamberti presentó un proyecto de Ordenanza, por medio del cual busca que se imponga el nombre de María Angélica Barreda a una calle pública de la ciudad, por tratarse de la primera mujer en recibirse de abogada en Argentina.

Entre los fundamentos de la iniciativa,  girada a Comisión para su análisis, se destacan las dificultades que debió superar la mujer para obtener su matrícula, así como el precedente que el caso fijó para futuros cambios sociales que tendrían lugar algunos años después en el país.

Además, el autor de la propuesta destacó que “el proyecto se encuadra dentro del marco de la Ordenanza Municipal Nº 2300,  que dispone privilegiar los nombres de mujeres en las calles de la ciudad,  a fin de lograr paulatinamente un equiparamiento con las denominaciones que refieren a hombres, hechos, fechas y/o lugares de nuestra región, del país y del mundo, estableciendo claramente un criterio de género para la designación de los mismos”.

 

 Datos destacados de María Angélica Barreda

María Angélica Barreda, la primera abogada del país, debió enfrentarse a una batalla legal en 1910 para obtener su matrícula de, en ese entonces, doctora. La tradición de emplear dicha etiqueta se remonta al siglo pasado, cuando quien se recibía en Derecho egresaba de un Doctorado en Leyes.

Barreda nació el 16 de mayo de 1887 en La Plata, provincia de Buenos Aires. Su madre, según relata el especialista Alberto David Leiva, tuvo que hacer grandes sacrificios luego de enviudar para que su hija pudiera estudiar. Asimismo, una vez inscripta en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, la joven sufrió cierta marginación por parte de algunos compañeros y profesores.

A pesar de ello logró graduarse en diciembre de 1909, a los 23 años. Algunos meses después obtuvo la matriculación nacional para ejercer la profesión en la ciudad de Buenos Aires, donde los ánimos progresistas recibieron con alegría la novedad. Sin embargo, en su tierra natal, su suerte no fue la misma. Su caso llegaría a la Suprema Corte de Justicia de la Provincia.

En el proceso judicial, el procurador general Manuel F. Escobar se manifestó en contra de que la Corte Provincial le permitiera su matriculación, acusaba a las mujeres de tener una disminución de capacidad en comparación con los hombres.

Una semana después del rechazo, Barreda presentó un escrito de 18 hojas donde respondía a cada uno de los argumentos que había presentado Escobar. En su respuesta aseguraba que la universidad es la que debe decidir si ella tiene las facultades,  o no,  de ejercer la profesión. Cerró su texto afirmando: “la mujer ha triunfado en las otras profesiones y continuará conquistado palmo a palmo la regla igualitaria que persigue en justicia”.

La Suprema Corte de la Provincia llegó a un acuerdo y, por voto mayoritario, Barreda accedió a su matrícula local algunos meses después, abriendo el camino para futuras estudiantes que quisiesen ejercer la carrera de Abogacía en la provincia de Buenos Aires.

La situación de Barreda, si bien se consagró como caso paradigmático, no se dio de manera aislada. Hacia inicios del siglo XX, el Congreso argentino era hogar de acalorados debates en torno a los derechos femeninos: allí aparecían las primeras discusiones sobre bienes patrimoniales de las mujeres casadas y sus derechos civiles. Asimismo surgían asociaciones de mujeres organizadas para reclamar por sus demandas, como el Centro Feminista (1906), el Centro Femenino Anarquista (1907) y la Unión Gremial femenina (1903). A nivel internacional, en 1910 se designó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.

Proponen el nombre de María Cristina Catalá de Perín

 

En la misma Sesión Ordinaria ingresó una nota remitida por el Centro de Maestros Jubilados y Centro de Estudios de la Lengua, proponiendo el nombre de María Cristina Catalá de Perín, docente recientemente fallecida,  para el nombramiento de espacios públicos.

El pedido ingresado,  el cual fue girado al Registro de iniciativas ciudadanas, detalla la trayectoria educativa que fundamenta la propuesta del nombre. 

Además, la nota expresa que “en todos los territorios instaló una gestión centrada en la inclusión, con atención a la diversidad con manejo solvente de la empatía. Participó en instituciones de bien público y culturales: ALPID, LALCEC, Consejo de Inclusión de Personas con Discapacidad, Centro Estudios de la Lengua, así como colaboradora en el Barrio Sur, lugares en los cuales proporcionó sus saberes, experiencias, su tiempo y capacidad de conformar equipos de trabajo”·

Más adelante se agrega: “Toda su trayectoria estuvo basada en la transparencia, coherencia en sus acciones y sobre todo un desenvolvimiento educativo y social cimentado en el crecimiento de espacios para superar las desigualdades. Con las escuelas de educación especial, puso en marcha proyectos de inclusión, sostén e integración de alumnos con discapacidad, poniendo a la escuela común en lugar de territorio habitable e integrador”.